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Dieta y ejercicio, claves para las personas hipertensas.

Hacer deporte reduce la presión arterial tras el ejercicio y favorece los mecanismos de regulación que eliminan sodio del organismo

Se calcula que la hipertensión arterial (HTA) está presente en torno al 30% de la población, aunque es complicado saber cuántas personas la padecen. Afecta aproximadamente al 70% de los mayores de 65 años y supone entre el 5 y el 7 % de todas las consultas médicas.
El control de la hipertensión es vital porque es un factor de riesgo vascular que puede provocar infarto de miocardio, ictus o arteriopatía periférica. Además, si no está controlada obliga a tomar medicación y a cambiar los hábitos de vida.

Así, en el tratamiento de la presión arterial hay dos puntos fundamentales: el primero, la actitud y el cambio del estilo de vida, y el segundo, el tratamiento farmacológico, explica  Ángel Nieto, del servicio de medicina interna del Hospital Vithas Nisa Pardo de Aravaca.

En la actualidad existen seis grupos de fármacos que permiten realizar un tratamiento individualizado y cuya elección depende de las características clínicas del paciente. Se deben utilizar las combinaciones de fármacos, que alcancen la máxima eficacia con el mínimo riesgo de efectos secundarios.

En cuanto a los hábitos de vida saludables, se recomienda una dieta adecuada, controlar la ingesta de sal y realizar ejercicio. La alimentación de estar basada en legumbres, cereales, fruta y verdura, mientras que hay que ser moderado con el aporte proteico y restrictivo con el azúcar y dulces. El aceite de oliva es un ingrediente principal de la dieta mediterránea y un reductor del riesgo vascular. Las bebidas azucaradas y el consumo de cafeína deben ser reducidas al mínimo.

La cantidad de sal debe ser moderada. Aunque hay numerosos estudios bastante dispares al respecto, es razonable no superar los dos gramos diarios como ingesta total de sodio, es decir, el equivalente a una cucharita pequeña, incluida la que pueden aportar los alimentos.

En cuanto al ejercicio, es un aliado fundamental en el manejo integral de un hipertenso. Tiene dos efectos principales: reduce la presión arterial tras el ejercicio y favorece los mecanismos de regulación que eliminan sodio del organismo. Independientemente de ello, siempre es favorable la pérdida de peso que conlleva. Sin embargo, el ejercicio debe ser adecuado e incluso, según señala Nieto “si quisiéramos plantear la cuestión de forma óptima, prescrito por un especialista en Medicina Deportiva, pues el tipo de ejercicio que realicemos influye en un mayor o menor control de la HTA.”

El ejercicio que más efectivo se ha demostrado es el de baja intensidad y larga duración. De hecho, hay estudios que indican que un ejercicio intenso y recortado en el tiempo puede incrementar la presión arterial. Otro aspecto principal es el número de pulsaciones que se deben alcanzar con el ejercicio

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