Salúd y Vida

La ansiedad se puede prevenir con intervenciones psicológicas y educativas.

Este tipo de acciones reducen el inicio de nuevos casos de este trastorno en un 43%

Se calcula que 50 millones de europeos y más de 3 millones de españoles sufren un trastorno de ansiedad. Hasta ahora, ningún trabajo había analizado a nivel macro el impacto de las intervenciones psicológicas y educativas para hacer frente a los afectos sobre la salud de este tipo de trastornos.

Un estudio realizado por la Red Española de Investigación en Actividades Preventivas y Promoción de la Salud (RedIAPP), perteneciente al Instituto de Salud Carlos III, ha evaluado la efectividad de este tipo de acciones, concluyendo que reducen la aparición de nuevos casos de ansiedad en un 43%.

Estas intervenciones psicológicas cognitivo-conductuales o de otro tipo y también las educativas son llevadas a cabo por especialistas en salud mental, médicos de familia, enfermeras e incluso por maestros en las escuelas.

Con fármacos no es suficiente

Que funcionen es un hallazgo muy relevante, ya que, una vez que las personas desarrollan un trastorno de ansiedad, a pesar de que los tratamientos psicológicos y con psicofármacos son eficaces, solo consiguen una reducción limitada del impacto negativo de esta enfermedad, según señalan los autores principales del estudio, Juan Ángel Bellón y Patricia Moreno, ambos investigadores del IBIMA (Instituto de Investigación Biomédica de Málaga).

“Lo que hemos demostrado con nuestro estudio es que las intervenciones preventivas, es decir las que hacemos antes de que se llegue a enfermar de ansiedad, son efectivas y consiguen evitar que el trastorno de ansiedad se inicie. En este sentido funcionarían como lo hacen las vacunas y daría fundamento al conocido ‘más vale prevenir que curar’”, apuntan.

¿Qué síntomas tiene?

La ansiedad se caracteriza por un estado de excesiva preocupación sostenida durante semanas, con dificultades de concentración, irritabilidad, tensión muscular, problemas para conciliar el sueño, fatiga sobrevenida, y malestar que no puede atribuirse a una causa concreta. La ansiedad complica la vida cotidiana de las personas, las sume en un desasosiego permanente que no consiguen focalizar, acompañado por una sensación de estar en riesgo o amenazadas por factores que no pueden identificar ni controlar.

El trastorno de ansiedad también puede manifestarse en forma de crisis de ansiedad o ataques de pánico e incluso como obsesiones compulsivas. El desorden de ansiedad suele comenzar en la infancia, la adolescencia o en adultos jóvenes y en muchas personas no sólo no desaparece con los años, sino que incluso puede empeorar, contribuyendo además a que a lo largo de la vida se añadan nuevas enfermedades mentales como la depresión o las adicciones.

El sufrimiento que produce la ansiedad (medido como años vividos con discapacidad) entre 2005 y 2015 ha experimentado un aumento global del 14,8%, siendo, después de la depresión, la segunda patología en importancia dentro del grupo de los trastornos de salud mental y dependencia a sustancias.

Estudio con pacientes de 11 países

El trabajo, publicado por la revista JAMA Psychiatry, de la Asociación Médica Americana, ha supuesto la revisión sistemática y análisis de 29 ensayos clínicos con un total de 10.430 pacientes de 11 países y 4 continentes.

Aunque a través del estudio no se puede saber qué intervenciones preventivas son más efectivas, sí se puede afirmar que en conjunto lo son, en todas las edades y en países y culturas muy diferentes.

Para que este tipo de acciones funcionen, hay que empezar por las personas sanas pero con factores de riesgo, y desde la escuela, el trabajo, la atención primaria e incluso mediante programas implementados desde internet y los teléfonos móviles, opinan los autores del estudio.


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